Idelcoop Fundación de Educación Cooperativa Número 249 Año 2026 Julio - Octubre

Reflexiones y debates

Estado, movimientos populares y economía social. La necesidad de una agenda para reconstruir la Nación. Entrevista a Gildo Onorato, director del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo (IPAC)

López, Ana Laura; Mutuberría Lazarini, Valeria

Resumen

En la siguiente entrevista Gildo Onorato, actual director del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo (IPAC) de la provincia de Buenos Aires, reflexiona sobre el lugar de la economía social y el cooperativismo frente a las transformaciones del capitalismo, la política y del mundo del trabajo. Desde su trayectoria -tanto en la gestión pública como de militancia en los movimientos sociales- analiza las relaciones entre las organizaciones populares y Estado, los desafíos del movimiento cooperativo y la necesidad de construir una propuesta de Nación.

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Introducción

Gildo Onorato es un dirigente social y político del campo de la economía social, solidaria y los movimientos sociales. Desde marzo de 2024 se desempeña como presidente del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo (IPAC) de la provincia de Buenos Aires, organismo del gobierno bonaerense que se ocupa de gestionar las políticas públicas destinadas al sector cooperativo y mutual.

En esta entrevista, Onorato comparte reflexiones sobre los desafíos que enfrenta hoy el sector en un contexto adverso para los intereses populares, con el avance del capitalismo en su fase más voraz y con un mundo del trabajo en permanente cambio. A partir de su experiencia de trabajo en las organizaciones y de gestión desde un organismo del estado provincial, propone pensar la actualidad desde un lugar que exceda la coyuntura para poder proyectar desde el campo popular, un proyecto de nación con producción, trabajo, integración regional y organización comunitaria.

Para comenzar, ¿podrías hacer un repaso de tu trayectoria, tu historia de militancia, desde cuándo y cómo te involucrás con el campo de la economía social, solidaria y popular?

Nací en Tandil, provincia de Buenos Aires, en Villa Italia, barrio obrero, popular. Gildo Onorato, Villa Italia, Club Unión y Progreso, colores rojo, verde y blanco, todo muy italiano.

Crecí en un barrio obrero, popular donde tuve bastante influencia de política de mi familia. Por el lado de mi padre, origen peronista, extracción militar peronista. Mis hermanos fueron militantes de la juventud radical en los 80’ y mi madre fue secretaria general del Partido Socialista de la ciudad.

Todo eso en una familia de origen popular es un combo que motorizó mucho – sobre todo en la década de los 90- la rebeldía, la transgresión y la frustración de la imposibilidad de alcanzar determinados patrones de consumo que por ahí la adolescencia tiene y que te va llevando hacia las periferias, hacia el margen, producto del contexto.

En el año 98’, después de haber tenido algunas dificultades de conducta en el colegio secundario, y algunos traspiés me mudé a la ciudad de La Plata, donde comencé a estudiar Psicología (y por supuesto no terminé).

En ese periodo del fin del gobierno menemista se desarrollan muchos conflictos universitarios. En el año 99’, 2000, cuando asume el gobierno De la Rúa, viene una gran participación de militancia universitaria, y nosotros nos empezamos a agrupar alrededor de una revista que se llamaba Línea Subterránea, desde donde empezamos a analizar la globalización en todos sus aspectos: históricos, sobre lo que fue el periodo de colonización de Nuestra América, el modelo económico menemista, y ya en esa etapa De la Rúa, y sobre todo el impacto de la transformación educativa post-reforma universitaria, que es donde se implementa una profunda política de ajustes, recortes de las carreras, recortes presupuestarios. Fue entonces que empezamos a construir una agrupación universitaria en la Facultad de Humanidades (porque en aquel momento Psicología estaba en Humanidades) que denominamos 20 de Febrero. Remitía al día que se aprobaron los estatutos de la Universidad de La Plata y a la Ley de Educación Superior, jornada en que hubo más de 300 presos en la ciudad de La Plata, del movimiento universitario y de la militancia popular.

Ya en ese momento empezamos a visualizar, junto a la experiencia de los movimientos sociales, la aparición de un nuevo sujeto social: los trabajadores pobres, los trabajadores desocupados, los marginados, la periferia comunitaria. Y en ese momento, alrededor de la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón (CTD), empezamos un trabajo barrial, en el barrio El Futuro de La Plata, de apoyo escolar, lógico… en aquel momento la vinculación universidad-territorio se daba mucho a partir de ahí, lo que la Academia denomina “extensión universitaria”. Para nosotros era apoyo escolar, solidaridad, acompañamiento al sujeto. Luego, después de la muerte de Darío y Maxi, todo lo que es la Coordinadora Aníbal Verón, el MTA Aníbal Verón, entra en una profunda crisis de dispersión, de división, de mucho dolor también, y nosotros nos vamos agrupando con lo que habían sido experiencias que provenían de la CTD y del Movimiento Patriótico Revolucionario Quebracho, sobre todo los de extracción peronista.

Fue cuando conocimos a Emilio (Pérsico) y empezamos un trabajo territorial articulando lo que fue el Movimiento de Trabajadores Desocupados Evita, a posterior Movimiento Evita. Ese es un poco el proceso donde nos vamos incorporando, nos vamos agrupando, con los barrios periféricos de La Plata, Florencio Varela y Malvinas Argentinas, donde nace el Movimiento de Trabajadores Desocupados Evita. Y después, ya con la etapa de articulación post 25 de mayo del 2003, donde hay una convocatoria a muchos actores sociales, muchos actores políticos y sindicales, ya nos empezamos a incorporar al nacimiento de lo que fue, en mi opinión, una gran esperanza popular, el gobierno de Néstor Kirchner. Y ese proceso de articulación después deviene en lo que en aquel momento se denominó “el salto de lo social a lo político”, donde el Movimiento de Trabajadores Desocupados Evita se constituye en el Movimiento Evita.

Teniendo en cuenta todo este recorrido, queríamos comenzar desde lo conceptual, haciendo un análisis de cómo se está articulando hoy el poder y las distintas patas de la sociedad. En vista de eso, ¿cuál creés que es el lugar que fueron ocupando los movimientos sociales respecto del Estado y cuál creés que debería ser?

Los movimientos populares (en aquel momento movimientos sociales o movimientos piqueteros) inician con una gran impronta a medida que avanza el modelo neoliberal. Tenemos los primeros levantamientos: Cultral Có, Tartagal, Plaza Huincul, Santiago del Estero con el Santiagazo, y  partir de esa desarticulación del mundo del trabajo se fueron generando organizaciones que le brindaron a la lucha popular y a la organización comunitaria una gran impronta de rebeldía, de transgresión, que además unía las primeras experiencias feministas, unía gran parte de lo que se denominaba los sindicatos combativos en la ruptura de la CGT y en la articulación del MTA, y toda esa impronta de transgresión, de voluntad de cambio, de sueños, de reconstrucción de algo que se había perdido con lo que fue la dictadura, toda esa impronta se incorpora con fuerza al periodo 2001, 2002, 2003. Y creo que esa transgresión, esa búsqueda de cambio, se fue apaciguando con la institucionalidad, y creo que los movimientos populares, si bien ganamos en capacidad organizativa (ya que surgen algunos otros programas como el programa de empleo comunitario, el plan social Jefas y Jefes) empiezan a agruparse en emprendimientos productivos, empiezan a desarrollarse experiencias de nuevas formas de organización cooperativa de origen comunitario. Toda esa impronta fue perdiendo fuerza producto de la institucionalidad, producto de una apuesta política que implicó la pérdida de autonomía de las organizaciones libres del pueblo, y creo que en alguna medida eso fue restando vitalidad al movimiento popular, no porque no haya que participar en política, yo sí creo que hay que participar en política, pero no se puede ser fuerza disciplinada. Porque las periferias sociales demandan transgresión, demandan transformación, demandan cambios estructurales para salir de esa situación, y creo que eso fue uno de los grandes problemas. En ese sentido, el peor momento de los movimientos populares, al menos en mi opinión, es en el gobierno de Alberto Fernández. Porque es donde más acceso a recursos públicos tuvimos, donde hubo mayor intervención política, y donde tuvimos menos capacidad de autonomía política ante la institucionalidad, donde más autonomía resignamos. Y creo que eso es lo que fue haciendo perder la vitalidad del cambio, la vitalidad de la transgresión, la vitalidad de la lucha, la reparación del dolor histórico de los sectores populares, y me parece que eso fue gran parte también del caldo de cultivo para que se estigmatice y se arrincone y se margine a las fuerzas populares, como logra hacerlo Milei.

Creo que nos transformamos (si bien yo no fui parte del gobierno, si soy miembro de una organización que actuó en ese gobierno) en un raviol más del Estado, y eso le implicó a los movimientos populares un costo estratégico que aún no sabemos cómo resolver o estamos empezando a intentar resolver.

¿Y ese debate hoy se está dando? ¿Se logra instalar?

Recién está empezando ese debate, porque fue tan brutal el avance del gobierno libertario sobre la organización popular, sobre el tejido comunitario, sobre la cooperativa, sobre el movimiento de la economía social popular y solidaria, que nos costó el reseteo, por decirlo de alguna manera. Y hoy forma parte también de los problemas que tiene el conjunto del movimiento popular. La política que expresa el movimiento popular está enfrascada a veces en discusiones que poco tienen que ver con la realidad concreta, porque a veces discutimos el posicionamiento de los dirigentes con cero empatía con lo que está pasando. Me parece que a veces se habla, por ejemplo, de la unidad, y yo me pregunto ¿de qué unidad se habla? ¿De la unidad de los partidos? ¿De la unidad de los dirigentes? ¿O de la unidad alrededor de un programa que implique el problema de los jubilados, el problema de las mujeres, el problema de los que sufren, el problema del que no puede pagar el alquiler, el problema del laburante, el problema del que no puede consumir? Me parece que la unidad hay que hacerla con esa agenda, con ese problema, con el protagonismo de esos sujetos colectivos, que no son ni más ni menos aquellos que mueven la comunidad.

Teniendo en cuenta esto, ¿de qué noción de Estado se parte en los movimientos sociales? Porque de alguna manera, predetermina la forma de la vinculación con el Estado y es posible que sea una idea dinámica a medida que va a pasando el tiempo, porque no siempre se lo piensa de la misma manera, incluso cuando se comparte políticamente la visión con el gobierno.

Con respecto al Estado se discute poco, en general. Porque quizás a veces se resume el debate público entre libertad de mercado o anarcocapitalismo, o el Estado te salva, o más Estado, menos Estado.

A veces esa dicotomía me parece que reduce mucho la capacidad de la ciencia política, de la militancia, en plantear una agenda concreta. Yo, particularmente, creo que la reforma del 94, la reforma constitucional, fue un gran retroceso para la construcción de Estados soberanos. Porque hoy vemos cuando, por ejemplo, se hace el abordaje de la gestión de los recursos estratégicos, de los bienes naturales, como le decimos en el campo popular, provincializados, conjuntamente con la provincialización de la salud, la provincialización de la educación, etcétera, etcétera, etcétera.

Y creo que eso apunta al debilitamiento de los Estados-Nación. Creo que hay un punto muy concreto en el desarrollo del capital, sobre todo de la construcción de la hegemonía de la tecnocracia, que es la crisis de las hipotecas subprime; todos vivimos ahí una gran reconversión del capital, que se llevó puesto los Estados de bienestar que proliferaron en Europa centralmente después de la Segunda Guerra Mundial. Y creo que nosotros no vimos en América Latina esa profunda reconversión. O no la vimos en su magnitud. Porque teníamos proyectos progresistas que frenaron ese péndulo histórico en nuestra región, con Estados fuertes, o con liderazgos fuertes, con una gran capacidad de redistribuir, de redistribuir ingresos, a partir principalmente de sostener una economía basada en el caso de Venezuela, el petróleo, en el caso de Argentina, la soja, donde no hubo una gran transformación de la estructura económica, y eso implicó que el capital pueda avanzar con el marco legal generado en 1994 en nuestro país.

La UNASUR fue una gran idea, el MERCOSUR nunca estuvo vinculado a la propuesta de los pueblos, sino más a los mercados. El ALBA fue una idea con una gran base ideológica que no se pudo consolidar como modelo alternativo, y creo que hoy, ante el avance de ese modelo que irrumpe con las hipotecas subprime, lo vemos en los tecno-ricos que gobiernan el mundo. Los Estados, las regiones, las comunidades económicas como la Unión Europea, han perdido capacidad de dirigir las economías, salvo excepciones.

Están aquellos países como China, por ejemplo (y no quiero hacer una reivindicación, simplemente una descripción) donde existe una fuerza política, en este caso el partido, que dirige la economía, con una gran estrategia de defensa interna y externa, que tiene una gran articulación entre el mercado transnacional, la economía pública y la planificación estatal. No sé si ese es el modelo, pero es algo a mirar, como debate posible. Creo que hoy es más fácil, como decía Fidel, imaginarse el fin de la humanidad que el fin del capitalismo. Entonces tenemos que tener claro que vamos a convivir con el capitalismo en su nueva forma tecnocrática, excluyente, extractivista, y eso nos obliga a pensar la correlación de fuerzas con una gran participación y protagonismo de las fuerzas sociales, sindicales, productivas, el movimiento popular, con una gran injerencia del Estado en la planificación estratégica, y con la inevitable articulación con el capital privado, que no va a querer dejar de ganar, porque esa es la naturaleza del capital, ganar, ganar, generar ganancias, generar riqueza al menor costo posible… inevitablemente tenemos que tener una estrategia de este tipo.

Y también creo que los instrumentos de los Estados-Nación son insuficientes. Nuestro país, que está ubicado en el sur del mundo, tiene la necesidad de articular una estrategia económica productiva y comunitaria o social con nuestras naciones hermanas, porque comerciar por mar, por cielo es muy caro y necesitamos desarrollar una estrategia de articulación con las naciones hermanas, con infraestructura.

Hace unos meses estuve en La Rioja con el Consejo Económico y Social de La Rioja, y nos planteaban las dificultades de la exportación por el Puerto Rosario y sus costos. Entonces nos planteaban la necesidad de desarrollar un proyecto de nación que apueste a las economías regionales con infraestructura y con acuerdos con las naciones hermanas, en este caso con Chile, para exportar por el Pacífico. El costo proyectado es al menos el 50% del costo de la exportación por Rosario. Entonces me parece que es eso lo que necesitamos pensar, y creo que el movimiento popular a veces está enfrascado en debates de la superestructura, a veces está enfrascado en quién administra o quién gestiona este contexto, esta realidad, sin proponerse una transformación.

Reitero, no es una transformación como la pensaron a mediados del siglo XX, aquellos que impulsaron las transformaciones, en el caso de Argentina, el peronismo centralmente, o por menos desde mi perspectiva histórica, o como se pensó con las organizaciones revolucionarias de los 70, ni siquiera como se pensó en los primeros años del siglo XXI. Y creo que estamos en ese periodo de construcción y de aprendizaje, porque la gran hegemonía que han construido aquellos que hacen de la gobernanza global su forma de reproducir la ganancia y la exclusión están en una ofensiva muy grande, y nosotros tenemos que reconocernos, en primera instancia, que estamos en una resistencia estratégica, la clase trabajadora está en una resistencia estratégica a nivel global, y eso implica asumir que en algún momento de la historia perdimos. Habrá sido después de la Guerra Fría, habrá sido en la crisis del petróleo de los 70, habrá sido con la caída del muro de Berlín, habrá sido en la crisis de las hipotecas subprime, pero en algún momento la correlación de fuerza avanzó drásticamente en contra de los intereses de los pueblos.

Entonces, si no asumimos en algún punto eso, va a ser muy difícil que podamos construir una idea de Nación y de región que tenga soberanía y que reconstruya derechos y posibilidades concretas de los pueblos.

Es interesante esta mirada de los pies puestos en lo local, pero sin quitar la mirada de lo global.

Sumo una reflexión sobre esto: a principio del 2008 estuve en Venezuela, nos recibieron los que estaban vinculados a Aristóbulo Istúriz, que estaba con responsabilidades en PDVSA.[1]

Y en ese momento, estábamos con todo: Chávez, la revolución, el socialismo… Y Chávez dice: ‘Mira pana, la revolución siempre termina en un expediente’. Entonces es esto: situarse en el contexto histórico en que te toca operar, actuar, responder, y después focalizarte en lo que podés resolver con acción concreta.

Esa es la dificultad. A veces, sentirte impotente ante contextos globales, decir, bueno, ¿cómo salimos de esto? Por ejemplo, el genocidio de Gaza, la legitimidad que tiene eso en la comunicación argentina, toda la impotencia que da. Pero, esa es la hegemonía que tenemos que enfrentar, combatir. Y, por otro lado, focalizar en las 5.500 cooperativas que tenemos en la provincia, la gestión pública que exige respuestas, por lo menos planificación, o una mirada concreta. Entonces, ahí es cuando tomo nuestro segmento, los segmentos cooperativos. ¿Pueden dar respuestas a los problemas globales? En una parte sí y en una parte no. En una parte no porque hay que cambiar la correlación de fuerza, pero en una parte sí porque hay experiencias concretas que abordan los problemas de la gobernanza global.

Por ejemplo, el tema energético. El cooperativismo tiene respuestas, tiene propuestas y tiene experiencias concretas. Sin ir más lejos, el 80% del tendido eléctrico rural de nuestra provincia es cooperativo. El acceso al agua potable: más de dos millones de personas en nuestra provincia acceden al agua potable a través de cooperativas; cuatro millones en todo el país. Consumo: tenemos la segunda cooperativa más importante de América Latina de consumo, que es bonaerense: la Cooperativa Obrera. Sobre la problemática de los alimentos y el acceso: tenemos cooperativas que producen alimentos, que exportan comida de cerdo, pero que producen alimentos y eso implica una forma distinta de gestionar el acceso a la comida.

Cuando estuve en el 2016 en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares hubo una intervención de los campesinos mexicanos que a mí me mostró la ignorancia que por ahí tenemos a veces cuando hablamos. Dicen que a veces los sectores urbanos se piensan que están en contacto con la naturaleza cuando van a la playa, o van a la montaña, o van a algún camping. Y en realidad los seres humanos nos vinculamos estrictamente con la naturaleza a través de la alimentación. Y hoy vemos como los procesados han ganado la góndola. En Estados Unidos tenemos hasta el huevo frito que te lo venden envasado. Es una cosa espantosa. Vemos frutas que parecen de plástico. Y está claro que el capital, el capitalismo tecnocrático va rompiendo todo.

Un poco lo venís diciendo, pero ¿cómo ves el margen de acción que tiene en este contexto el movimiento cooperativo?

Tiene mucho margen de acción. Tiene experiencias concretas. Lo que hay que cambiar es la escala, por un lado, y la escala se cambia con una propuesta de Nación. Hay que reconstruir una propuesta de Nación. Porque hablaba de la energía, del agua, de los alimentos, del tratamiento de los residuos, de la innovación tecnológica, el sector financiero. Entonces, me parece que el sector cooperativo tiene lo que demanda el sector cooperativo que es la reconstrucción de una propuesta de Nación. La reconstrucción de una propuesta de integración regional. El desarrollo de cadenas de valor con el capital privado, con el mundo Pyme, con la industria. Podemos intervenir ahí y me parece que ese es el desafío. Nos hemos cansado de decir desde el 2023 hasta acá que generamos el 10 % del producto bruto. Bueno, eso hay que materializarlo en una propuesta de Nación. Porque si no, vamos a ser simplemente un actor económico y a veces un actor económico que está en retroceso. Podemos ir paso a paso en cada uno de los temas donde este capitalismo tecnocrático viene a destruir lo comunitario, la solidaridad, el encuentro, la cooperación y la vida misma.

Hay un punto importante en esto de los múltiples servicios que las cooperativas brindan en los territorios y tiene que ver con lo que el sector aporta en materia impositiva. Por ejemplo, hoy estamos en un gravísimo problema en donde las cooperativas aportamos al Fondo de Educación Cooperativa, para el fomento del cooperativismo, para llevar adelante políticas en los territorios y todo lo que se aporta no está siendo distribuido en las provincias y tampoco está llegando a donde tiene que llegar. Entonces, no es solamente lo que se aporta al Producto Bruto Interno, sino también a nivel impositivo que no está llegando a donde se necesita. Y esto afecta directamente a los órganos locales competentes en cada provincia que, en definitiva, tampoco pueden llevar adelante la política necesaria.

Todo eso con un agravante: el año que viene se vence la ley de Coparticipación Cooperativa, (que no se denomina así), el 31 de diciembre de 2027 y esa norma es la que garantiza el funcionamiento de la mayoría de los órganos locales.  Entonces nosotros estamos intentando dar una estrategia con los otros gobiernos para empezar a debatir eso y como se lo hemos mencionado hace muy poco al Consejo de Administración de Cooperar, las provincias vamos a dar ese debate, pero el debate lo tiene que dar también el movimiento cooperativo. Como lo dio ante la propuesta de Ley Hojarasca donde se intentó derogar la Ley 11.380, derogación que buscó quitar la exención y que se tribute sobre el valor de edificios y construcciones, o sea, de los bienes de las cooperativas, y eso implicaba la desarticulación, la destrucción de un montón de cooperativas.

Hay varios problemas que tenemos que trabajar; implica militancia, activismo, presencia, debate, acción política, construcción de alianzas y creo que ahí, los gobernadores o los gobiernos y las áreas de aplicación van a querer que esto continúe, por eso es tan importante tener una acción política más definida de parte del sector. La acción sectorial es importante. La lucha reivindicativa es relevante, pero eso también tiene que estar encausado en una disputa política porque acá estamos hablando de la posible desarticulación de un sector y por otro lado de los aportes que le hace a la gestión para que esa plata vuelva a las cooperativas.

Y en este contexto que describís, ¿cómo se gestiona un organismo como IPAC? ¿Tienen que atajar necesidades y urgencias o están pudiendo avanzar en cuestiones estratégicas también?

Lo primero es escudo y red, dice el gobernador. Se trata de defender y atajar y eso implica tener una serie de políticas para aquellas cooperativas (principalmente de trabajo) que más están sufriendo. Por eso tenemos una política de promoción -que no es muy onerosa- pero sí intenta ser amplia, que le llegue a todo el mundo, o a quien lo solicita. Es una política de promoción a través de Impulso Cooperativo,[2] para acceder a herramientas, maquinaria, insumos. Después tenemos una política de fiscalización agresiva, que se llama Fiscalizate,  pero no con un perfil punitivo sino para transparentar la documentación de las instituciones. Tenemos un programa para financiar los balances que incluye los honorarios de los contadores. Eso implica atajar penales, y después la planificación estratégica cuesta un poco más, pero tiene que estar dada en lo que mencionaba hace un rato sobre repensar cuál es la idea de Nación que hay que reconstruir, cuál es la forma de integrar a nuestro país.

IPAC, tienen una política de recorrida por la provincia de Buenos Aires, ¿qué debates, qué ideas, qué conclusiones pueden sacar de esos recorridos?

Que el cooperativismo es muy fuerte en lo que se denomina el interior de la provincia de Buenos Aires; que la inmensa mayoría de los pueblos productores son grandes generadores de empleo y de trabajo; que hay una economía que funciona de otra forma; que el Estado tiene poca presencia -a excepción de lo que nos plantea el gobernador sobre que los funcionarios tenemos que estar en esos lugares-. Las clínicas,[3] las rutas culturales,[4] los encuentros cooperativos, nos permiten a nosotros aprender mucho del segmento. Yo siento que estoy en un proceso de aprendizaje constante, porque hay más de 100 años de historia y muchas veces sucede que cuando un dirigente, un funcionario llega a un lugar tiene la sensación narcisista o liberal de que la historia empieza con él y creo que un poco hay que despojarse de ese lugar de centralidad, ponerse en un costado y asumir que hay una historia que es previa y que en última instancia -como me gusta decir a mí- la apuesta, el desafío es que aquellos que vengan después de nosotros arranquen al menos un escalón más arriba, si es dos o tres o cuatro, mucho mejor pero al menos un escalón más arriba. Eso significaría aportarle al sector cooperativo instrumentos para su desarrollo, para su crecimiento, para su consolidación, para brindar respuestas para que la comunidad del pueblo tenga la posibilidad de vivir un poco mejor.

Por ejemplo, estamos trabajando mucho con Textiles Pigüé (en el municipio de Saavedra). Eso empezó con una toma, la quiebra de una fábrica llamada Gatic (producía ropa y calzado deportivo), en el inicio del gobierno de Néstor Kirchner. Y ese proceso terminó hoy con una empresa recuperada que es el principal generador de trabajo con 160 trabajadores, tiene más de 200 asociados; hoy han comprado una tierra para construir sus viviendas… Nosotros estamos en estos días financiando un generador para dar servicio de luz a esos lotes y creo que esas son respuestas concretas. Ese pueblo no es el mismo antes y después de esa quiebra. Entonces creo que ahí está el desafío, ver esos procesos, poner muchas herramientas ahí, tener eficiencia en la gestión pública. A veces en la política vamos a La Matanza que hay mucho caudal electoral, vamos a Lomas, vamos a Quilmes vamos a San Martín por decirte, lugares con gran densidad demográfica, con mucha cantidad de electores, que está bien, forma parte de la discusión y no me parece mal, ahora además de eso hay que ver lo otro, hay que ver que la Argentina Federal no es pasando las fronteras de la provincia de Buenos Aires, la Argentina Federal también es en nuestra provincia.

Justamente Textiles Pigüé es una de las recuperadas que a nivel nacional logró -a través de la ley de expropiación-  tener la propiedad de la fábrica. Lo mencionamos porque se está debatiendo el proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, el cual le pega duramente a las recuperadas hoy. De allí, la importancia de que una empresa recuperada por sus trabajadores y sus trabajadoras tenga la propiedad de la fábrica porque si se aprueba esta ley, esos procesos van a ser más complejos. Vinculado a este tema, dieron a conocer los resultados de un censo que se realizó específicamente en la provincia sobre empresas recuperadas. ¿Qué análisis podés hacer sobre esos datos?

El censo surge como una exigencia de la ley de emergencia que se votó en abril-mayo del 2024, cuando nosotros recién estábamos arrancando. Esa ley determina la emergencia financiera económica y productiva de las empresas recuperadas. Después tuvimos el año pasado la continuidad de un decreto por un año más y ahora ya estamos encarando algo que pensábamos no tener que encarar, pero inevitablemente es así, que es la continuidad de una nueva ley de emergencia, porque los problemas estructurales de fondo está claro que con el modelo libertario no se pueden resolver.

Las recuperadas se encuentran mayoritariamente en el área metropolitana. San Martín, Avellaneda y Quilmes son los distritos que más empresas recuperadas tienen. Después algo que a mí me llamó bastante la atención, es la composición de género: mayoritariamente son varones de mi edad para arriba, que son particularmente la población económicamente activa de la crisis del 2001-2003 (cuando se genera el gran aumento de las tomas y surge el ocupar, resistir y producir).

Después hay una inmensa mayoría de fábricas que necesitan modernizar su infraestructura, su maquinaria, su tecnología y hay una gran diferencia con las cooperativas de trabajo de origen comunitario donde ahí son mayoritariamente mujeres pobres y pibes pobres. Entonces, por un lado, tenés el cooperativismo tradicional con mayoría de varones de 50 para arriba (en las empresas recuperadas varones de más de 40 y pico para arriba) y en las cooperativas de trabajo de origen comunitario mujeres pobres y pibes pobres. El censo de las fábricas recuperadas también nos sirvió para ver eso otro. Perdimos, si mal no recuerdo los datos, unas 20 cooperativas constituidas a partir de una toma de fábrica, que dejaron de operar, que perdieron matrícula y establecimientos; y hoy tenemos 18 juicios de expropiación inversa en la provincia. Es un trabajo que nos permitió tener datos concretos, lo que le faltó a ese trabajo es el impacto productivo, la escala.

Después hay más o menos 4500 familias que viven de esa realidad. Por otro lado, tenemos con la universidad de José C. Paz un análisis sobre eficiencia energética de 6 empresas recuperadas, porque cuando vos estudias el costo energético ya sea de luz, de gas, inevitablemente en la regulación de eso terminas discutiendo -sobre todo las que producen en serie- la producción.

Por ejemplo, Cristal Avellaneda (Durax) que produce en serie, si vos podés estudiar el gasto energético o la eficiencia energética en este caso, también podés planificar la producción en serie. Son varias cosas que se desprenden y que hoy lamentablemente, producto del contexto, no contamos con el Ejecutivo Nacional para brindar respuestas. Debería ser el Ejecutivo Nacional el que planifique una política, porque fábricas recuperadas hay en todo el país, está claro que en la provincia de Buenos Aires y en el AMBA es donde más hay, pero hay en todo el país.

Todos estos cambios se vienen dando en el mundo del trabajo, con el aumento del trabajo no registrado en la Argentina, con el crecimiento de la desocupación y el pase de esos trabajadores a las plataformas. ¿Cuál es tu mirada sobre cómo afrontar desde la economía social estos cambios en el mundo del trabajo?

Primero una definición: el pleno empleo no vuelve más tal cual lo conocimos a mediados del siglo XX. Para aquellos que tienen una mirada despectiva sobre la economía social popular y solidaria, decirles que el pleno empleo de mediados del siglo XX no vuelve más.

Segundo creo que hay que tener un buen estudio de la realidad de la población económicamente activa de nuestro país. A mí me gusta verlo a partir de la sindicalización, siempre muchos sectores dicen ‘bueno necesitamos un paro general’ y le exigimos a la CGT un paro general, primero hay que a ver ¿qué es lo que organiza la CGT?

La CGT tiene sindicalizados al 42% de los trabajadores formales, que además son la mitad de la población económicamente activa, por lo tanto, la CGT sindicaliza el 25% de la clase trabajadora. Eso primero es un dato concreto, duro. ¿Eso qué significa? Que necesitamos construir una forma de organizar la producción y el trabajo con otro tipo de perspectiva. Primer punto, la economía social solidaria y popular no es la ambulancia de aquellos que van quedando afuera, no tiene que ser concebida como la ambulancia, tiene que ser concebida como un modelo distinto donde se pone en el centro otro tipo de valores: el buen vivir, el acceso a los derechos, la posibilidad concreta de desarrollarse en una sociedad. Y después me parece que todo esto se vincula con el proyecto de país.

Ahora, toda esa migración hacia la informalidad o hacia el monotributo, toda esa migración hacia la economía de plataformas, a lo que nos está llevando es a la falta de perspectiva colectiva. Porque hay ahí una idea de que lo colectivo no funciona, que lo colectivo es un ancla, que sos dueño de tu tiempo, que sos dueño de tus cosas, y la realidad es que cada vez somos dueños de menos cosas -es más- ni siquiera de lo que buscamos en redes, porque los algoritmos cada vez nos van determinando más qué es lo que buscamos y todo se nos va apareciendo.

El mundo del trabajo también está en esa línea. Fijate cómo han crecido los trabajadores de plataforma, y en ese crecimiento también le van bajando los ingresos. Porque hay cada vez más y vos tenés que ir bajando cada vez más lo que cobrás. El Uber o Rappi son un ejemplo concreto.  Me parece que ahí hay un punto.

Después, te voy a dar el ejemplo de la UTEP que es una experiencia que conozco (fui secretario gremial muchos años). Nosotros tuvimos un gran éxito: haber sindicalizado a un sector, pero la gran falencia fue no haber tenido la capacidad de planificar el trabajo y la producción de ese segmento. Entonces cuando se retiró el Estado con sus programas sociales se desarticuló gran parte del entramado social comunitario que la economía popular tenía. Y eso porque no se estabilizó la organización del trabajo, no se organizó la posibilidad de capitalización de esas cooperativas, de esas instituciones de la economía social y solidaria, y creo que ahí está el punto. Hay que tener una política de Estado estratégica que organice el trabajo, que planifique la producción, que desarrolle el arraigo, que construya esas economías locales con pertenencia de esta nueva forma de organización social comunitaria que no es ni más ni menos también que la planificación de una gestión local, provincial o nacional. Porque si no estamos expulsando cada vez más a sectores de nuestro pueblo a la marginalidad. La economía del cuidado viene dando respuestas, sobre todo en mujeres, que son las que se forman (está muy feminizada esa actividad). La esperanza de vida ha crecido, la necesidad de cuidar adultos mayores ha crecido y creo que eso implica una posibilidad concreta de organizar el trabajo. Hemos hecho algunas experiencias, por ejemplo, en Bahía Blanca, con una cooperativa de cuidado que se formó en cuidados para pacientes con dificultades de salud mental y el Estado Municipal creó una sala particular para ese cuidado. Entonces hay alternativas y me parece que el Estado debe ser central en la planificación de estas nuevas formas de organizar el trabajo. 

En La Plata -con el apoyo municipal y con nuestro apoyo- se generó una cooperativa que se llama Mi Ciudad. Es una cooperativa que compite con Rappi, son 60 y pico de pibes cooperativizados que con una red de más de 100 comercios funcionan de la misma forma que funciona esa plataforma. ¿Cuál es la dificultad? Sostener una plataforma sale 12 millones de pesos mensuales, entonces tienen un sitio web, funcionan por Whatsapp y le disputan mercado a las plataformas. Ahora tienen un lugar de descanso, los días de lluvia y los feriados se pagan más; tienen un lugar donde arreglan sus motos o sus bicicletas; el Estado municipal y nosotros le hemos dado indumentaria para que estén bien identificados.

Ahora es una experiencia muy focalizada, son 70 trabajadores cooperativizados contra cientos y quizás miles en Rappi, entonces hay una pelea desigual y sin el Estado, esa pelea no se puede dar.

En algunas notas o declaraciones hablás de un fin de ciclo que se da con este último gobierno nacional. ¿A qué te referís con eso? 

Hablaba al principio de la Constitución del 94, creo que esa Constitución es el marco legal de lo que fue el fin de la historia en los 90. Fue el marco legal del fin de la historia en nuestro país donde gran parte de dirigencia popular y progresista abonó a esa constitución y yo creo que eso fue un error estratégico.

Por otro lado, creo que es necesario resetear el sistema político. Porque las expresiones políticas emergentes luego de la crisis 2001-2003 gobernaron, tuvieron sus ciclos y todo con mejoras y algunas respuestas en términos de demanda social, pero el modelo avanzó impoluto, el modelo avanzó igual aún con las reformas progresistas y eso significa que la democracia representativa está en los peores niveles de capacidad de dar respuesta ¿A dónde tenemos que ir? A una democracia más expresiva, una democracia que exprese sujetos colectivos, una democracia que exprese fuerza popular, a una democracia que exprese nuevamente sueños y frustraciones. En algún punto Milei empatiza con la frustración y termina expresando la bronca, el odio, el hartazgo, y creo que esa fue su principal virtud. Si bien es parte del ciclo que termina, también tenemos que ver que es algo de eso que tenemos que tomar, tenemos que ir a una democracia expresiva, que exprese sujetos, que exprese comunidades, que exprese respuestas colectivas y quizás que empiece a correr a gran parte de la dirigencia que, con discurso progresista, con discurso popular está bastante distante de las expresiones sociales comunitarias y populares.


[1] PDVSA es la empresa estatal de petróleo y gas de Venezuela, encargada de la exploración, producción, refinación y comercialización de hidrocarburos

[2] En el marco del Programa Cooperativas en Marcha, Impulso Cooperativo busca contribuir al fortalecimiento socio-económico de las cooperativas de trabajo bonaerenses mediante el financiamiento a proyectos. El financiamiento mediante Aportes No Reembolsables (ANR) a Cooperativas de Trabajo, radicadas en la Provincia de Buenos Aires, podrá tener como destino la compra de materias primas, maquinaria, herramientas, adquirir equipamiento de trabajo y/o realizar pequeñas obras de infraestructura. (https://ipac.gba.gob.ar/programas/)

[3] Las Clínicas de cumplimiento participativo tienen como objetivo acercar a cada distrito actividades presenciales para informar y asesorar a las cooperativas acerca de cumplimiento normativo, institucional y fiscal de manera personalizada.

[4] La Ruta Cultural Cooperativa busca visibilizar el trabajo de las cooperativas culturales en toda la provincia, promoviendo actividades artísticas, ferias, festivales y experiencias comunitarias en distintos municipios. El programa propone construir una agenda cultural cooperativa provincial, fortaleciendo el intercambio entre cooperativas, gobiernos locales y comunidades.

Cómo citar

López, A. L. y Mutuberría Lazarini, V. (2026). Estado, movimientos populares y economía social. La necesidad de una agenda para reconstruir la Nación. Entrevista a Gildo Onorato, director del Instituto Provincial de Asociativismo y Cooperativismo (IPAC). Revista Idelcoop, (249), pp. 49-63. ISSN Electrónico 2451-5418. Recuperado de https://testwp.idelcoop.org.ar/revista/articulo/estado-movimientos-populares-y-economia-social-la-necesidad-de-una-agenda-para-reconstruir-la-nacion-entrevista-a-gildo-onorato-director-del-instituto-provincial-de-asociativismo-y-cooperativismo/

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